viernes, 25 de julio de 2014

Un homosexual es reconocido como víctima del conflicto armado en Colombia.

Crónica de cómo se restituyen mis derechos como persona víctima homosexual en el conflicto armado de Colombia

España, Julio de 2014

Tuve muchas dudas antes de dar el primer paso. No tenía claro si tenía o no sentido denunciar y constituirme en víctima de la violencia sexual en mí país por las razones que explica Sara Feldman.
“Debido a una cultura de la impunidad de larga duración en Colombia y a la falta de fe en el sistema judicial, los crímenes de violencia sexual raras veces son denunciados, en especial si los perpetradores fueron grupos armados”,  señala la defensora del Programa de Violencia Sexual del Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de  California.
Mi recorrido de la vida me impulsó a hacer valer mis derechos como víctima y sentar un precedente en el caso de vulneración de derechos de las minorías sexuales al interior del conflicto armado. Consulté al abogado y líder de la comunidad homosexual Mauricio Albarracín quien me manifestó que era necesario hacer la denuncia.
Entre el momento en que se promulgó la Ley y la producción de los decretos que la reglamentaron pasaron algunos meses, luego de lo cual me desplacé al consulado colombiano más cercano de mi residencia en España para rendir declaración. No fui el primero en poner en conocimiento  mi caso en el consulado, días antes lo había hecho otra persona.
El 27 de febrero de 2013 presenté declaración ante el Consulado de Colombia en Valencia, la cual fue recibida en la Unidad Administrativa Especial para la Atención y Reparación Integral a las víctimas en Bogotá el 6 de marzo de 2013.
El mismo día que rendí mí declaración convencí a otro colombiano que denunciara su caso. También es homosexual, víctima del conflicto armado y asilado en España. John Jairo Romero presentó su denuncia pocos días después.
En mi declaración señalé que el 28 de febrero de 2002 sufrí un atentado con una granada en mi residencia en Bogotá D.C. La hostigación y amenazas de muerte nunca pararon. El 9 de noviembre de 2006 fueron las últimas contra mí y mi familia, presuntamente, por parte de grupos armados ilegales.  Esta situación me obligó el 16 de enero de 2007, a desplazarme forzosamente del país tomando como destino a España.
La denuncia sobre mi caso fue soportada por los mismos documentos que presenté cuando solicité asilo en España y los cuáles fueron avalados por la Unidad Administrativa Especial para la Atención y Reparación Integral a las víctimas según lo dispuesto en el Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso Administrativo.
Dicha información – dice la Resolución – “se considera como pruebas sumadas para establecer la presencia y accionar delictivo de grupos armados ilegales en esta zona con ocasión del conflicto armado interne”.
Solo transcurrieron 6 meses para que el estado colombiano, amparado por la Ley, amparara mis derechos como víctima. Aunque el 11 de agosto de 2013 mediante la Resolución Nº 2013-239938 se me notifica de esta decisión, solo me enteré de la misma el 15 de julio de 2014, 11 meses después. 
 “(…) A la luz del principio de buena fe se concluyó que los hechos victimizantes de Atentado, Amenaza y Desplazamiento Forzado declarados por el deponente se enmarcan dentro del artículo 3 de la Ley 1448 de 2011 por lo que se resolvió INCLUIR al señor MANUEL ANTONIO VELANDIA MORA identificado con cédula de ciudadanía (…) en el Registro Único de Victimas y RECONOCER los hechos victimizantes de atentado, amenaza y desplazamiento forzado, por las razones señaladas en la parte motiva de la presente resolución. (…) ANEXAR la ruta establecida para que las víctimas accedan al conjunto de medidas adoptadas en su beneficio, que posibilitarán hacer efectivo el goce de sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación integral con garantía de no repetición, las cuales contribuirán a dignificar su condición a través de la materialización de sus derechos constitucionales.”
La decisión del Estado colombiano indica igualmente que (…) “Partiendo de la narración de los hechos, al verificar el contexto de la zona a través de los reportes publicados en la página web de Notiese.org, con relación a la situación vivida por el declarante y se pudo se constatar que: "La Subdirección General de Asilo y Refugio, de la Dirección General de Política Interior de España otorgó al activista colombiano, Manuel Antonio Velandia Mora, la calidad de refugiado y con derecho de asilo el pasado 8 de abril, luego de haber sufrido un atentado contra su vida y recibir múltiples amenazas contra él y su familia. (...) Velandia quien actualmente labora en Decide-T Asociación de Lesbianas, Gay Bisexuales y Transexuales, de Alicante, trabaja como defensor de derechos Humanos de las personas no heterosexuales y es apoyado por importantes asociaciones colombianas como El Programa No Gubernamental de Protección a Defensores y Líderes Sociales en Colombia cuyos voceros fueron José Luís Campo Rodicio, Gloria Inés Flórez Scheneider, Ludivia Giraldo, y Javier Peña quienes le reiteraron su inmediata salida de Colombia. (...)
“El colombiano afirmó que la homofobia no sólo es cultural sino que adamas está interiorizada y reforzada en la escuela, la familia y la sociedad. Agregó que en Colombia la Iglesia católica, los partidos de la derecha y los grupos paramilitares han hecho de la homofobia su bandera y una razón para estigmatizar, excluir, separar socialmente, obligar al desplazamiento forzado, amenazar de muerte, asesinar y cometer otros crímenes de odio contra la población lésbico, gay, bisexual, transgénero (LGBT)”.
Por su parte – señala la resolución –  la Coordinadora LGBT de Planeta Pez, Ivonne Wilches aseveró que Velandia "representa un baluarte del movimiento social y político del colectivo LGBT, por esta razón que ha sido amenazado y tuvo que emigrar para salvar la vida luego de haber sufrido un alentado'. Colombia fue catalogada según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados como uno de los principales países de origen de refugiados durante 2008".
Aunque el fallo señala que por Ley (Artículos 68 y 69 del Código de Procedimiento Administrativo y de lo Contencioso Administrativo, Ley 1437 de 2011) me tenían que notificar de esta decisión dentro de los diez (10) días siguientes a la notificación de la decisión, esto solo ocurre 11 meses después.  

Aun no sé a qué tengo derecho, no es lo más importante, pero mi caso es un precedente jurídico que muestra que si hay derechos y que nos son reconocidos, quizá esto motive a algunas de las victimas LGTB a hacer valer sus propios derechos. Muy seguramente este sea el primer caso, pero confío en que  vendrán otros fallos positivos y no nos hagan seguir sintiendo ciudadanos de segunda clase.

Much*s ya han denunciado

Según informa El Tiempo, en la Unidad de Víctimas hasta inicios de enero de 2014 reposaban las declaraciones de 518 personas que han sido incluidas en el registro y con quienes se inició un proceso de reparación.

Antioquia es el departamento en donde más gay, lesbianas y transexuales han sido martirizados. Según los informes de la Unidad, en este departamento se encuentran el 20 por ciento de víctimas LGBTI reconocidas. Tan sólo en el Urabá Antioqueño, en donde se expandió el paramilitarismo, hay 25 casos. “En este departamento hemos notado que todavía hay una cultura machista fortalecida, en donde la heterosexualidad no reconoce otras opciones. Cuando el homosexual se hace evidente, confronta los estereotipos tradicionales, entonces llegan las amenazas, las violaciones”, asegura María Eugenia Morales, directora de género de la Unidad de Víctimas.

A Antioquia le sigue Bogotá, en donde se han registrado el 13,5 por ciento, Nariño, con el 4,3 por ciento, Bolívar, con 4,06 por ciento, y Chocó con el 3,58 por ciento.


La mayoría de personas sexualmente diversas afectadas son jóvenes entre los 18 y 28 años (46,7 por ciento); el 36,1 por cientos son personas adultas entre los 29 y los 60, y el 11,2 por ciento tienen 12 y 17 años. El 6 % son mayores de 60 años que viven en condiciones de pobreza.