martes, 31 de julio de 2007

Homofobia, conflicto armado y derechos en Colombia

El hecho de que los, las les LGBT hayan ganado ciertos derechos en Colombia, no implica que ellos mismos y la sociedad les reconozca como sujetos de tales.

Sólo en la medida en que estas personas nos hagamos más visibles en todos los espacios sociales, culturales, económicos y políticos, y la sociedad pueda tener la oportunidad de conocernos mejor, deshacerse de mitos y creencias, aumentando su capacidad de comprender y disfrutar la importancia de la diversidad que la conforma, será posible que se nos acepte y respete como sus iguales.

Aún cuando Colombia no es un paraíso, no puede negarse que la convivencia para los homosexuales en las grandes ciudades en más fácil que en la zona rural. A pesar de que esto es así, en Bogotá las milicias de las FARC, durante 2003, obligaron al maestro Manuel Gaviria a renunciar a su cargo como maestro en una escuela primaria teniendo como excusa para el “boleteo” su homosexualidad.

En una encuesta sobre convivencia ciudadana en esta misma ciudad, realizada en las dos oportunidades en que Antanas Mokus fuera alcalde de la ciudad, un alto porcentaje de ciudadanos expresó no estar interesado en tener un homosexual como vecino, hecho que motivó que durante la alcaldía de Lucho Garzón se haya creado un programa que tiene como fin alcanzar una “Bogotá sin indiferencia con la población LGBT”.

La violencia homofóbica en Colombia no es un hecho reciente, entre 1986 y 1991 los grupos denominados de “limpieza social” asesinaron a más de 680 homosexuales. León Zuleta, cofundador con Velandia del Movimiento homosexual colombiano, fue asesinado en 1994 por razón de sus trabajos en derechos humanos y con minorías sexuales.

El machismo al interior del militarismo, ya sea este de derecha, centro o izquierda siempre ha estado presente en Colombia. Es frecuente la violencia policial contra homosexuales y muy especialmente, contra los/las transgéneros y transvestis que trabajan sexualmente.

En las zonas en las que en Colombia es más marcado el conflicto con los paramilitares y con la guerrilla, especialmente con las FARC -Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-, estos actores sociales se han convertido en los nuevos guardianes del orden moral.

No es de extrañar el radicalismo de los grupos cristianos y conservadores que atacan verbal y emocionalmente a los homosexuales; ahora bien, para muchos es sorprendente que los paramilitares y la guerrilla hayan obligado a algunas personas homosexuales a desplazarse fuera de sus territorios e inclusive, que la guerrilla lograra que se realizara la prueba diagnostica de la infección por el VIH a todas las personas de una pequeña ciudad del Llano, discriminación que en Colombia tuvo la complacencia de las autoridades de salud, civiles y militares, quienes igualmente permitieron el desplazamiento forzado de las personas cuyo diagnóstico fue reactivo.

En estos grupos armados existe una doble moral con relación a la población LGBT; por ejemplo, en algunas zonas de conflicto los transvestis y/o transgéneros que trabajan sexualmente se les permite estar en la zona si prestan “favores sexuales” o son informantes, de lo contrario se les obliga al desplazamiento cuando no es que se les asesina por causa de su identidad y su actividad laboral.

Durante muchos años el ejército colombiano puso en las libretas militares, documento que informa sobre la prestación del servicio militar obligatorio, un texto en el que se leía profesión: homosexual; siendo esta la razón por la que se les excluía de prestar el servicio militar.

A partir de fallos de la Corte Constitucional a tutelas (mecanismo constitucional que se usa en caso de buscar protección estatal si hay amenaza o vulneración de los derechos fundamentales), ya no se puede excluir a alguien de las instituciones militares en razón de dicha “profesión”, como tampoco del lugar de trabajo, de estudio o de vivienda, sin embargo los homosexuales siguen siendo rechazados, vulnerados y estigmatizados en el ejercito colombiano, inclusive se les expone públicamente ante sus compañeros, se les maltrata físicamente, encierra en calabozos y agrede o menosprecia diciéndoles “mariquitas”.

Aun cuando en Colombia desde el Estado, por razón de su orientación sexual no se ha excluido de su cargo a maestros, el estatuto docente, norma que los rige, en uno de sus artículos consideraba la homosexualidad causal de mala conducta; artículo que fue derogado por fallo de tutela.

En lo que va corrido del siglo XXI los homosexuales hemos participado en la actividad política, logrando, en mi caso, que el Partido Liberal Colombiano aceptara a las minorías sexuales como un sector social con pleno reconocimiento y derecho a presentar candidatos a las diversas corporaciones publicas. Hecho que también se dio mas recientemente en el grupo político denominado Polo democrático.

Siendo candidato a la Cámara en las elecciones de 2002, yo Manuel Velandia fui victima de un atentado con una granada lanzada a mi residencia por grupos paramilitares quienes han sido explícitos en considerarse opositores a mi actividad; sus reiteradas amenazas de muerte, que a finales de 2006 se extendieron a mi familia, fueron la causa de mi desplazamiento forzado a España, país en que actualmente me encuentro en trámite de asilo político por orientación sexual. John Jairo Romero (homosexual), una pareja de lesbianas que prefieren preservar su nombre y Samantha Palacios (travesti) son las otras cuatro personas que han solicitado asilo por esta misma causa en España entre el 2001 y el 2007. Las tres primeras personas ya lo obtuvieron.

Ellos y ellas no son los únicos LGBT que han tenido que huir de Colombia, ya que también tenemos asilados en otros países. Manuel Bermúdez, Ciudadano Gay con sede en Medellín y quien fuera candidato al Senado fue “boleteado” por grupos paramilitares durante su campaña en el 2002, esto demuestra que dicha participación política no es plena y que las autoridades no investigan, sancionan o penalizan apropiadamente a quienes entorpecen el debate político democrático, tal y como se ha demostrado con las investigaciones recientes sobre la presencia paramilitar en el Senado y la Cámara, corporaciones en las que tampoco se logró la aprobación del proyecto de Ley sobre los derechos civiles de las parejas del mismo sexo (2007) a pesar de que el presidente Uribe y sus grupos políticos apoyaran esta propuesta como parte de su estrategia para conseguir votos en las ultimas elecciones.

Y como ya lo dije antes en otro blog, para que Bogotá sea realmente un ejemplo no se necesita únicamente que su alcalde tenga una actitud positiva hacia las personas LGBT como la tiene Lucho, actitud que incluso le ha quitado aceptación popular, se requiere en especial que haya recursos para llevar a cabo acciones y con estos recursos la ciudad no cuenta, porque no es verdad que los homosexuales, las lesbianas, los y las bisexuales y los, las y les transgeneristas realmente cuenten, ya que el cambio solo es posible con el desarrollo de una política.

Con lo anterior se comprende la importancia del debate que se cursó en el Consejo de Bogotá sobre el Proyecto de acuerdo número 357 de 2007 "Por medio del cual se establecían los lineamientos de la Política pública para las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgeneristas —LGBT— en Bogotá" y que se perdió con ocho votos en contra y siete a favor, en la Comisión de Gobierno del Concejo de Bogotá.

Un complemento a este tema puede encontrarlo en Revista Semana en el que se demuestra que esta es un población importante por su numero en Bogotá, así las cifras no sean precisamente las mas actuales.http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=70487

Por lo menos 50 homosexuales colombianos obtuvieron asilo en Estados Unidos el año pasado

La razón serían las amenazas de muerte que han recibido militantes de esta comunidad en los últimos tiempos.

El abogado colombiano Camilo Perdomo, residente en Nueva York, declaró a Caracol Radio que "el gobierno de E. U. protege a una persona que establece que fue perseguido porque que le gustan las personas del mismo sexo o cuando supo la novedad que está viviendo con VIH".

Explicó que el papeleo para el trámite de ese tipo de asilo puede tardar un mes y la petición, que se presenta dentro del año siguiente, se falla en 45 días.

Los honorarios de los abogados cuestan desde 2.000 hasta 30.000 dólares, dijo el letrado colombiano, aunque señaló que la gestión la puede hacer cualquier persona por sí sola.

No obstante, Andrés Duque, de la organización de colombianos gay en Nueva York denominada Colega, dijo a la misma emisora que él ha colaborado en alrededor de 100 casos de asilo por homosexualidad, una posibilidad establecida en 1996, y advirtió de que cada vez es más difícil obtenerlo.

"En ese entonces las cortes de asilo aquí no sabían mucho sobre la situación gay en muchos países del mundo. Venían casos con pocas pruebas y obtenían asilo político. Hoy es mucho mas difícil", puntualizó Duque.

Según las fuentes, no hay una cifra exacta de colombianos que piden asilo por homosexualidad en E. U., ya que el Departamento de Estado no lo especifica, si bien se calcula que el año pasado fueron alrededor de 50 los colombianos que lo consiguieron.
Fuente: http://www.eltiempo.com/justicia/2007-07-31/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3660831.html

Con "Camilo Perdomo" puede comunicarse a perdomocolombia@gmail.com

lunes, 30 de julio de 2007

Colombianos gay piden asilo en los EEUU, perseguidos por su condición sexual

Por Diego Senior 07/30/2007
http://www.caracol.com.co/realarchi.asp?id=460020

Los colombianos piden asilo en otros países usualmente por amenazas contra su vida por parte de grupos armados. Pero no es de conocimiento general que muchos colombianos pidan asilo por ser homosexuales. Para los colombianos gay, ya es común solicitar asilo político por la falta de protección del gobierno. ¿Qué es para un colombiano pedir asilo por su condición sexual?

Responde Camilo Perdomo, abogado nacido en Bogotá que vive en Queens y que se dedica a prestar sus servicios a personas que necesitan adelantar tramites de asilo por homosexualismo. "Dura un mes preparando papeles y organizando pruebas. Cuando llega aquí se espera a que se venza el estatus de visita. Dentro del año siguiente se presenta la petición de asilo y es fallada en 45 días" dijo el experto.

Entre 2 mil e incluso 30 mil dólares puede cobrar un abogado en los EEUU para ayudar con un proceso de asilo ante inmigración. Sin embargo, esta ayuda es innecesaria ya que la labor es simplemente de papeleo, que cualquier persona puede hacer por si sola, si cree tener un caso para pedir asilo.

Sobre como es la situación particular de los homosexuales colombianos en estos casos, Perdomo comenta que "una persona que establece que fue perseguido cuando descubre que le gustan las personas del mismo sexo o cuando vuelve con la novedad que está viviendo con VIH, el gobierno de los EEUU dice: pobre tipo, yo lo protejo."

Los casos de asilo en los EEUU se analizan en las 54 cortes especializadas, y según un estudio realizado por profesores de la universidad George Washington, los colombianos están dentro de los 5 países cuyos ciudadanos mas asilos reciben en Norteamérica.

Sin embargo, no todo es tan fácil como parece. Así lo afirma Andrés Duque (en la foto), de COLEGA, una organización de colombianos gay en Nueva York. Duque, personalmente, ha colaborado con alrededor de 100 casos de asilo por homosexualidad e insiste que desde 1996 cuando se incorporó este tipo de asilo bajo el mandato de Bill Clinton no se conocía mucho sobre la situación en Colombia.

"En ese entonces las cortes de asilo aquí no sabían mucho sobre la situación gay en muchos países del mundo. Venían casos con pocas pruebas y obtenían asilo político. Hoy es mucho mas difícil", dice Duque.

Además, hay casos en que la homofobia persigue a los colombianos, incluso hasta este país. "Depende del juez que le toque a uno o el representante de la oficina de inmigración. Hay unos que son homofóbicos Recuerdo un caso de un colombiano maltratado cuando era militar.

La juez le dijo que él no parecía gay, y que lo podría ocultar fácilmente".

Pero no hay una cifra exacta de colombianos que piden asilo por homosexualidad, dado que el Departamento de Estado no lo especifica. Se sabe que el año pasado fueron alrededor de 50 los colombianos los que obtuvieron asilo, una cifra que disminuyo debido a que ya no se admiten a los que han pagado vacunas bajo amenazas, en el 2005 fueron 323 los colombianos asilados por los EEUU.

El gobierno colombiano no puede hacer nada al respecto, por lo menos en instancias consulares. Francisco Noguera, cónsul general de Colombia en Nueva York, dice que "normalmente ellos se asesoran bien de abogados. La primera recomendación es que no soliciten ayuda al Estado que ellos alegan no puede ofrecerles las condiciones de vida que ellos necesitan".

A lo menos es preocupante saber que en un país como Colombia, donde se ha estado a punto de aceptar uniones gay, existan todavía casos de asilo no por presión política, guerrillera o paramilitar, sino por una condición privada y personal como es la orientación sexual.

Asilo homosexual en USA 1993

Publicado en Revista semana. Colombia. 10/04/1993 - Edición: 592 http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=53070

ESTADOS UNIDOS acaba de conceder asilo político a un homosexual brasileño, Marcelo Tenorio, con base en el peligro de que sea objeto de persecución en su país de origen.
Se trata de la primera oportunidad en la historia que el país del norte otorga por esa razón ese beneficio a un miembro de "un grupo minoritario y amenazado por sus preferencias sexuales", Tenorio argumentó ante las autoridades norteamericanas que en su país han muerto violentamente 1.200 homosexuales desde el comienzo de la década de 1980, y que solo en la ciudad de Rio de Janeiro han sido asesinados 38 en lo que va corrido del presente año.

De ser ciertos los argumentos de Tenorio, se subrayaría la doble actitud de los brasileños hacia el homosexualismo, que desde otro punto de vista es tolerado como parte del Carnaval de Rio, a tiempo que artistas como Gaetano Veloso y Gilberto Gil hacen ostentación de su bisexualidad.
Por eso, el semanario Veja tituló: "Los jueces norteamericanos engañados: un gay obtiene asilo en EE. UU. mediante mentiras sobre Brasil".

jueves, 19 de julio de 2007

Testimonio de Manuel, desde España

Por: Sergio Cardenas secardenas@conexioncolombia.com
Visite documento sobre inmigrantes colombianos en
http://portal.conexioncolombia.com/wf_InfoArticuloNormal.aspx?IdArt=93334


Manuel Velandía conoció su primer novio a los 18 años. Era uno de sus profesores de sociología, un francés que era intelectualmente muy cercano a las teorías “sexpol”, es decir la relación entre sexualidad y política. Dos años después entró en contacto con León Zuleta, un escritor paisa y miembro del partido comunista. Manuel y León decidieron crear en 1976 el Movimiento Gay Colombiano, una de las primeras manifestaciones a favor de los derechos de este grupo.

Además de sociología, este santandereano estudió filosofía, lo que le dio la preparación académica suficiente para convertirse en activista por los derechos homosexuales y para empezar a meterse en política, junto a su trabajo de docente (Manuel tiene una maestría en educación). En el año de 1998, como miembro del partido Liberal y con el apoyo de Piedad Córdoba, presentó un proyecto de ley que se hundió en el Congreso: “Ese proyecto era demasiado ambicioso. Además de los derechos patrimoniales incluimos cosas muy audaces, como que el tema se tocara en la educación sexual de los colegios, y otras iniciativas que eran muy osadas”, afirma Velandia desde España.

Por la época en que se presentaba la ley, comenzaron a amenazarlo. Empezó a recibir llamadas y comunicaciones en las que además de notificarle que su vida corría peligro, lo insultaban por su inclinación sexual. Manuel no se amilanó, y en 2002, presentó su candidatura a la Cámara de Representantes por el partido Liberal. “Uno nunca cree que las amenazas sean verdad. A veces dan hasta risa y parece como si no fuera uno al que están amenazando”, cuenta Manuel. Pero el 1 de abril de 2002, mientras dormía con su compañero en su casa en Bogotá, desconocidos lanzaron una granada que afortunadamente no les causó ninguna lesión.

A raíz del atentado, Manuel confiesa que se volvió más frentero. Empezó a hablar más duro y a denunciar de frente lo que antes insinuaba. Le ofrecieron irse para Alemania o para Estados Unidos, pero no se dejó amedrentar y se quedó en Colombia. Dos años después, se lanzó al Concejo de Bogotá, y las amenazas reaparecieron con intensidad. Pero solo hasta 2006, cuando el proyecto de ley que se hundió hace poco estaba en discusión, las amenazas se tornaron contra su familia.

Abandonó su casa, y empezó a vivir en fincas y casas de amigos. Pero siempre lo encontraban. El miedo por sus hermanos, su mamá y sus seres queridos, lo venció: “Después de que yo dije que me preocupaba que senadores vinculados con la parapolítica defendieran el proyecto, empezaron a amenazar a mi familia. Por recomendación de varios políticos amigos y líderes sociales, que decían que el peligro era real, decidí abandonar el país,” dice. Decidió salir para España, donde se le concedió el asilo (Nota fuera de texto: realmente Velandia se encuentra en trámites para la obtención del asilo político y por orientación sexual).

Manuel no tiene una vida fácil. Homologar sus títulos es muy complicado. A pesar de tener una preparación académica alta, por su edad y la falta de certificación no le han ofrecido mucho trabajo. En Colombia era un intelectual y un activista. Pero lo único que le han ofrecido es un trabajo limpiando las zanjas de las carreteras. Dice que dejó muchas cosas y muchos seres queridos en Colombia. “El daño emocional es inmenso. Pero el daño económico es también muy grande. La gente cree que cuando dan el asilo, todo es un paraíso. El gobierno español ayuda, pero no todo es color de rosa.”

miércoles, 18 de julio de 2007

Homofobia, conflicto armado y violación de derechos: causas de la inmigración LGBT




Una pregunta que generalmente se hacen quienes no conocen la situación política de Colombia es por qué razones los/las/les LGBT colombianos salen del país y buscan el asilo político. Buscando dar respuesta a esa pregunta, el autor reflexiona sobre la homofobia, el conflicto armado y la violación de los derechos humanos y los derechos sexuales son las causas de la inmigración LGBT en dicho país.


El hecho de que los, las les LGBT hayan ganado ciertos derechos en Colombia, no implica que ellos mismos y la sociedad nos reconozca como sujetos de tales. Sólo en la medida en que estas personas nos hagamos más visibles en todos los espacios sociales, culturales, económicos y políticos, y la sociedad pueda tener la oportunidad de conocernos mejor, deshacerse de mitos y creencias, aumentando su capacidad de comprender y disfrutar la importancia de la diversidad que la conforma, será posible que se nos acepte y respete como sus iguales.

Aún cuando Colombia no es un paraíso, no puede negarse que la convivencia para los homosexuales en las grandes ciudades en más fácil que en la zona rural. A pesar de que esto es así, en Bogotá las milicias de las FARC, durante 2003, obligaron al maestro Manuel Gaviria a renunciar a su cargo como maestro en una escuela primaria teniendo como excusa para el “boleteo” su homosexualidad.

En una encuesta sobre convivencia ciudadana en esta misma ciudad, realizada en las dos oportunidades en que Antanas Mokus fuera alcalde de la ciudad, un alto porcentaje de ciudadanos expresó no estar interesado en tener un homosexual como vecino, hecho que motivó que durante la alcaldía de Lucho Garzón se haya creado un programa que tiene como fin alcanzar una “Bogotá sin indiferencia con la población LGBT”.

La violencia homofóbica en Colombia no es un hecho reciente, entre 1986 y 1991 los grupos denominados de “limpieza social” asesinaron a más de 680 homosexuales. León Zuleta, cofundador con Velandia del Movimiento homosexual colombiano, fue asesinado en 1994 por razón de sus trabajos en derechos humanos y con minorías sexuales.

El machismo al interior del militarismo, ya sea este de derecha, centro o izquierda siempre ha estado presente en Colombia. Es frecuente la violencia policial contra homosexuales y muy especialmente, contra los/las transgéneros y transvestis que trabajan sexualmente.

En las zonas en las que en Colombia es más marcado el conflicto con los paramilitares y con la guerrilla, especialmente con las FARC -Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-, estos actores sociales se han convertido en los nuevos guardianes del orden moral.

No es de extrañar el radicalismo de los grupos cristianos y conservadores que atacan verbal y emocionalmente a los homosexuales; ahora bien, para muchos es sorprendente que los paramilitares y la guerrilla hayan obligado a algunas personas homosexuales a desplazarse fuera de sus territorios e inclusive, que la guerrilla lograra que se realizara la prueba diagnostica de la infección por el VIH a todas las personas de una pequeña ciudad del Llano, discriminación que en Colombia tuvo la complacencia de las autoridades de salud, civiles y militares, quienes igualmente permitieron el desplazamiento forzado de las personas cuyo diagnóstico fue reactivo.

En estos grupos armados existe una doble moral con relación a la población LGBT; por ejemplo, en algunas zonas de conflicto los transvestis y/o transgéneros que trabajan sexualmente se les permite estar en la zona si prestan “favores sexuales” o son informantes, de lo contrario se les obliga al desplazamiento cuando no es que se les asesina por causa de su identidad y su actividad laboral.

Durante muchos años el ejército colombiano puso en las libretas militares, documento que informa sobre la prestación del servicio militar obligatorio, un texto en el que se leía profesión: homosexual; siendo esta la razón por la que se les excluía de prestar el servicio militar.

A partir de fallos de la Corte Constitucional a tutelas (mecanismo constitucional que se usa en caso de buscar protección estatal si hay amenaza o vulneración de los derechos fundamentales), ya no se puede excluir a alguien de las instituciones militares en razón de dicha “profesión”, como tampoco del lugar de trabajo, de estudio o de vivienda, sin embargo los homosexuales siguen siendo rechazados, vulnerados y estigmatizados en el ejercito colombiano, inclusive se les expone públicamente ante sus compañeros, se les maltrata físicamente, encierra en calabozos y se les agrede diciéndoles “mariquitas”.

Aun cuando en Colombia desde el Estado, por razón de su orientación sexual no se ha excluido de su cargo a maestros, el estatuto docente, norma que los rige, en uno de sus artículos consideraba la homosexualidad causal de mala conducta; artículo que fue derogado por fallo de tutela.

En lo que va corrido del siglo XXI los homosexuales hemos participado en la actividad política, logrando, en mi caso, que el Partido Liberal Colombiano aceptara a las minorías sexuales como un sector social con pleno reconocimiento y derecho a presentar candidatos a las diversas corporaciones publicas. Hecho que también se dio mas recientemente en el grupo político denominado Polo democrático.

Siendo candidato a la Cámara en las elecciones de 2002 fui victima de un atentado con una granada lanzada a mi residencia por grupos paramilitares quienes han sido explícitos en considerarse opositores a mi actividad; sus reiteradas amenazas de muerte, que a finales de 2006 se extendieron a mi familia, fueron la causa de mi desplazamiento forzado a España, país en que actualmente me encuentro en trámite de asilo político por orientación sexual.

John Jairo Romero (homosexual), Niyireth Reinosa y su pareja (lesbianas) y Samantha Palacios (transvesti) son las otras cuatro personas que han solicitado asilo por esta misma causa en España entre el 2001 y el 2007. Las tres primeras personas ya lo obtuvieron. Ellos y ellas no son los únicos LGBT que han tenido que huir de Colombia, ya que también tenemos asilados en otros países.

Manuel Bermúdez, Ciudadano Gay con sede en Medellín y quien fuera candidato al Senado fue “boleteado” por grupos paramilitares durante su campaña en el 2002, esto demuestra que dicha participación política no es plena y que las autoridades no investigan, sancionan o penalizan apropiadamente a quienes entorpecen el debate político democrático, tal y como se ha demostrado con las investigaciones recientes sobre la presencia paramilitar en el Senado y la Cámara, corporaciones en las que tampoco se logró la aprobación del proyecto de Ley sobre los derechos civiles de las parejas del mismo sexo (2007) a pesar de que el Presidente Uribe y sus grupos políticos apoyaran esta propuesta como parte de su estrategia para conseguir votos en las ultimas elecciones.

lunes, 18 de junio de 2007

SER MARICA es cosa seria, es cuestión de

¿Y es que en Colombia a los gay los discriminan tanto como para que busques asilo político en España? Esta pregunta dicha por un ciudadano español demuestra no solo un desconocimiento de la situación política de Colombia sino además de la de los derechos humanos y de los derechos sexuales de los homosexuales y las lesbianas tanto en mi país como en España y el resto del mundo.

“Ay, no me digas marica, dime gay” decía un amigo que pensaba que lo mas ofensivo que alguien pudiera decirle era precisamente la palabra marica”. Popularmente se oye en Colombia un chiste que dice: “Luís Caballero (un importante pintor) era gay”, “el doctor que atiende a mis hijos es homosexual”, “el peluquero que me corta el pelo es marica”, “el que se aprieta el cinturón y se para en la esquina de la séptima con 19 (la zona mas céntrica de Bogotá), es una loca”. Las anteriores son formas populares de diferenciar algo común es las personas a las que el chiste hace referencia: son homosexuales.

Es como si los términos para referirse a la homosexualidad tuvieran clase, cachet, performance… para la muestra un botón, cocido a las más recientes noticias en nuestros medios de comunicación y recordando al Señor Cuello, Presidente de la Cámara de representantes, quien dijo en tono desafiante, en el debate sobre los derechos civiles de las parejas del mismo sexo aprobado el pasado 15 de junio, "Espero que aquí más adelante no aparezca la foto de alguno de nuestros colegas haciendo de drag queen en la Caracas" (una vía de Bogotá famosa por la presencia de transvestis trabajadoras sexuales, mas no por las drags).

“Nadie le respondió, pero hubo sonrisas en algunos congresistas”, comentaron al respecto en el periódico El Tiempo (el diario de mayor circulación en Colombia). Queriendo representante y periodista hacer referencia a que en la Cámara y en el Senado hay homosexuales. Por supuesto que los hay, pero hace parte de su intimidad hacerlo publico o no, sin embargo para otros esto hace parte de nuestra vida pública.

De todas formas por si alguno de los/las lectores lo duda yo soy marica, de esto tomé conciencia hace muchos años, más exactamente en 1979, cuando en el Movimiento homosexual colombiano, del que fui cofundador con León Zuleta en 1976, me querían vetar por “amanerado” y yo les respondí poniendo un pasacalle que decía “ser marica es cosa seria, es cuestión de hombres” y lo reafirme cuando un camionero, en la esquina de la calle 60 con Avenida Caracas en Bogotá, en 1991 me grito “adiós mariquita” y yo le respondí “adiós heterosexual”, él me reviró “eso no es un insulto”, a lo que yo le agregué “que me diga marica, tampoco, porque eso es lo que soy y me hace feliz”, y me sentí plenamente auto reconocido por lo que seguí caminando alegre y sonriente mientras imaginaba la cara de sorpresa de mi interlocutor.

Autodeterminarse como marica es trascender la violencia social y la homofobia hacia un discurso político. Marica viene de María, pero yo sé que no soy mujer, soy homosexual. Si alguien ahora me dice marica tengo claro que yo le puedo decir heterosexual y si él no se molesta por ello, yo menos, porque al fin y al cabo eso es lo que somos.

Sé que a algunos (homosexuales y no) les molesta que yo me refiera a otros homosexuales o a mi mismo como marica, pero hacerlo es una manera de reivindicarme desde la opresión, de reconocerme homosexual y de asumir que "ser marica es una cosa sería, que es una cuestión de hombres". Es esta misma reivindicación la que me une a las mujeres que no desean llamarse homosexuales sino lesbianas o areperas para designarse a sí mismas, ya que ellas, igualmente se decidieron a utilizar, para autodefinirse, palabras consideradas insultantes o denigrantes.

Aun cuando la contradicción social nos apoya en nuestro proceso de construcción de identidad sexual y de orientación sexual; la diferencia posibilite la trascendencia y el desarrollo; ser agredidos, separados, estigmatizados y maltratados nos haga cada vez mas fuertes y claros con nosotros mismos y con los demás; y todo lo anterior nos ayude comprender aun más qué son los derechos humanos y los derechos sexuales y reconocerlo publicamente logre que nos asuman en nuestra individualidad, todo ello no es una razón para que nos apoyen o para que nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y estudio se ensañen con nuestra diferencia. Crecer se hace mas fácil desde el amor y el respeto que desde la violencia.

“Marica” o “lesbiana” nunca han sido palabras incorrectas o denigrantes. Son la homofobia y lesbofobia (socializada o internalizada) las que les han dado matiz peyorativo, y la fuerza y contenido que nosotros homosexuales y lesbianas les damos, las que han logrado acorralarnos y hacernos sentir diferentes.

La autodiscriminación despierta compasión, lastima, estigma, marca la diferencia. No podemos exigir respeto, solidaridad, amor, compañía si nosotros(as) mismos no lo tenemos para con nosotros(a) y para con los otros con quienes tenemos tanto en común. Si nosotros somos homofóbicos o lesbofóbicas ¿qué podemos esperar de los demás?

Quiero recordar una afirmación expresada por una de las liderezas de Triángulo Negro -el colectivo de lesbianas y mujeres bisexuales-: ¿quién va a negar, en este país, que las arepas son fabulosas? Siguiendo la misma línea podremos afirmar que los maricas somos un ejemplo social: les decimos a los heterosexuales como vestirse, cuál loción usar, como arreglarse, conquistar a una mujer, lucir más machos y sexy, somos los galanes de las telenovelas, les leemos las noticias (inclusive las del fútbol y las económicas), estamos en todos los espacios sociales, generalmente somos el centro de los afectos familiares, y tenemos una economía más clara y resuelta que muchos heterosexuales.

Nos reconocemos siendo maricas porque serlo nos hace plenos y felices. No queremos –como muchos heterosexuales creen- convertir a nuestros hijos, primos, sobrinos, hermanos, tíos, vecinos, compañeros o pastores en homosexuales, primero porque sabemos que esto no se pega, no se prende, no se trasmite; segundo, porque reconocemos que ser marica -con tanta homofobia junta- es muy difícil y no queremos que sufran, y tercero, porque si así nada más hay tanto de donde escoger, la vida se nos haría más complicada con tanta gente tan maravillosa.

lunes, 11 de junio de 2007

Una inmigración de la que no se habla

No todos los inmigrantes LGBT son asilados, pero tanto los unos como los otros crean en su pais receptor condiciones para mejorar su bienestar y calidad de vida, Deciden vivir lejos de sus paises de origen, lugar en el que su orientación sexual o su identidad de género son motivos de discriminación, estigma, vulneración, separación social y en muchos casos, de otras formas de violencia física y emocional.

Textos de María Jesús Montes
No se les menciona, pero existen. Lesbianas, homosexuales y transexuales también cuentan en la suma de la inmigración. España, al frente en los derechos para estos colectivos (que el 30 de junio celebran el Día del Orgullo Gay) los ha acogido con más tolerancia que en sus países, donde su identidad sexual puede ser motivo de discriminación o de muerte.

Las razones para emigrar abundan, pero de la que casi nunca se habla es de aquella por la que una persona sale de su país porque es hombre y ama a otro hombre; o es mujer y quiere a otra mujer. Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales venidos de distintos lugares también suman en las cuentas de la inmigración, a pesar de ser invisibles para la mayoría, acostumbrada a catalogar a los extranjeros en términos fundamentalmente económicos (trabajadores, contribuyentes, consumidores…).

España se puso a la vanguardia en derechos para los homosexuales con la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2005 y, en general, es un lugar tolerante y respetuoso, un remanso para quienes vivían en su tierra, en silencio o en sufrimiento, su identidad sexual.Ser gay puede significar una condena a muerte en ocho países (Afganistán, Irán, Mauritania, entre ellos) según el informe presentado en mayo por la Asociación Internacional de Lesbianas y Gays (ILGA). Además, 85 gobiernos mantienen otro tipo de condenas, incluso penas de cárcel, para quienes mantengan relaciones con personas de su mismo sexo. Según este organismo, un homosexual es asesinado cada dos días en América Latina a causa de su condición, especialmente en Brasil, México y Perú.

En la sede de Cogam, el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, ha habido un incremento de consultas de inmigrantes, sobre todo, desde 2002. El perfil de usuario más común es el de un hombre, joven, de Ecuador. También trabajan con chicos que ejercen la prostitución (mayoritariamente de Colombia, Brasil y del Este de Europa) y con mujeres transexuales abocadas a desempeñar este oficio. “En este caso, son apabullantemente ecuatorianas”, describe el vicepresidente de Cogam, Alberto Martín-Pérez. De las 48 nuevas consultas realizadas en abril por transexuales trabajadoras del sexo, 38 fueron hechas por personas de esta nacionalidad.

A la Asociación Catalana para la Integración de Homosexuales, Bisexuales y Transexuales Inmigrantes (ACATHI), nacida en Barcelona en 2003, y de momento la única creada con el objetivo de atender las necesidades de los extranjeros, se acercan, en cambio, más argentinos y chilenos.Lo común a todos es la búsqueda de apoyo social y emocional. “Necesitan conectar con un grupo de iguales, conocer gente en su misma situación”, describe Martín-Pérez. Y apunta a que esas redes afectivas no suelen encontrarlas en sus compatriotas: “Muchas veces no se sienten vinculados a ellos porque consideran que a su lado seguirán estando sometidos a la misma exclusión que vivieron en sus países de origen”.

Esto se entiende, según el antropólogo social de la Universidad Autónoma de Madrid, José Ignacio Pichardo, autor de la investigación Migraciones y opción sexual, por la necesidad de “romper con la biografía y establecer una nueva identidad, empezando de cero, en un contexto de respeto más generalizado”. Y si para muchos inmigrantes homosexuales el anonimato es un escudo, para los de Marruecos, donde se contemplan penas de cárcel de hasta tres años para “los actos lascivos y antinaturales” entre personas del mismo sexo, la invisibilidad es más acentuada. El coautor de un estudio en proceso sobre la vivencia de la homosexualidad en los inmigrantes de países musulmanes, Fernando Villaamil, destaca que la inmensa mayoría de los consultados en este trabajo no había comunicado “nada a sus familias”, estableciendo así vidas paralelas.El riesgo que sí corren los gays venidos de otros países es de ser presa fácil del VIH. Para Martín-Pérez saber que hay que usar un condón o cómo ponérselo no es, de por sí, un factor de protección. “Los inmigrantes han vivido su identidad sexual de forma más conflictiva, han crecido más discriminados y con la idea de que ser homosexual es una mala cosa. Entonces, creen que su salud no es tan valiosa, que merece menos la pena protegerse, y esto los hace más vulnerables”.

Johnattan Bernal y Pedro Montero, mexicanos, se hicieron novios en la capital azteca hace cinco años. Cuando el matrimonio entre personas del mismo sexo era un proyecto en ciernes, se vinieron a España porque la idea les ilusionaba. En diciembre de 2005 se casaron en Madrid. “En México no sufríamos discriminación, porque aunque hay machismo, éste afecta más a las mujeres que a los gays”, opina Johnattan (en la foto, a la dcha.). Según el Instituto Nacional de Estadística, en el segundo semestre de 2005 se celebraron 1.275 bodas de personas del mismo sexo. Entre varones, una de cada cuatro contó con un cónyuge de nacionalidad extranjera (más del doble que la proporción entre las parejas heterosexuales). “Quizá es que la mayoría de los gays latinos llevan su condición muy a escondidas y terminan haciendo más amigos epañoles, con los que establecen relaciones”, aventura el mexicano.

Solange Tragodara, peruana de 26 años, dirigía en Lima una ONG que asesoraba a mujeres lesbianas, como ella. Por su labor fue secuestrada y agredida, hasta que una traumática paliza la llevó al hospital y forzó su salida del país. Aprovechó en 2004 un viaje como representante juvenil de Perú al Forum de las Culturas de Barcelona para pedir asilo. Por varias casualidades terminó en Bilbao, donde CEAR Euskadi se ha hecho cargo de su caso y el de su pareja, peruana, con quien emigró. El pasado marzo les negaron el estatuto de refugiadas y ahora deberán esperar casi dos años hasta la resolución del recurso administrativo. Extraña su trabajo en Lima, pero aquí ha ganado tranquilidad.

“Aunque se supone que los derechos de los homosexuales allá están reconocidos, la realidad lo desmiente. En la zona rural del país, por ejemplo, no es raro que a una lesbiana la violen para intentar cambiarla”. Mujer activa, (ver su web: http://solange.tragodara.googlepages.com/ ), está creando, con el apoyo de la asociación Aldarte (http://www.aldarte.org/ ), un grupo de mujeres latinoamericanas lesbianas residentes en el País Vasco y Navarra.

Lizethe Álvarez, colombiana, se ha sentido siempre “neurológica y psicológicamente mujer”, pero su cuerpo era masculino. Soportó descalificaciones que le ocasionaron un “daño profundo”, a pesar de contar con el amor de sus padres. Escapar de la discriminación la llevó a Alemania, donde aprendió a ser “respetada” y a tener derechos “como mujer”. Luego recaló en España, donde ha desarrollado una ferviente militancia, respaldada por Cogam, a favor del colectivo transexual, muy desfavorecido. Además de luchar por hacerlo “visible”, quiere que la Ley de Identidad, que permite cambiar el nombre y el sexo en los documentos oficiales sin someterse a una operación, también beneficie a los inmigrantes.

DATOS PRÁCTICOS....... Cogam (Tel: 91/5224517. www.cogam.org
Fundación Triángulo. Tels: 91/5930540

Tomado de la revista Toumaï, año v número 49. junio 2007. www.toumaï.es

jueves, 7 de junio de 2007

Historia de un 'gay': panorama de la discriminación contra homosexuales en Colombia

Este articulo publicado en la Revista Carrusel, del periódico El Tiempo, lo añado a este blog porque muestra una semblanza de quién soy yo. Es la última entrevista concedida en Colombia antes de mi obligada salida del país.

Por Lucero Rodriguez G. periodista colombiana.

Manuel Velandia se "desarrolló' con un cura de su colegio. Desde entonces es 'gay', sociólogo y activista político. Esta es su vida:

"¡Adiós, marica! Adiós, heterosexual. Pero si eso no es un insulto. Ser marica tampoco", así le contestó Manuel a un camionero de trasteos, a sus 25 años, mientras cruzaba por la 60 con Caracas, parte baja de Chapinero en Bogotá. No importa quién sea Manuel, sea filósofo, sociólogo, sexólogo, consejero o 'voyeur' profesional, un sujeto político, correcto o equivocado; el que mejor conserva las flores de pensamientos de los jardines del vecindario, o todas las anteriores. Manuel Velandia es además un 'marica' autodefinido desde el día que decidió responderle al camionero y dejó de sentirse acosado.

Y a pesar de que las amistades todavía le insisten "¡Ay! no diga que es así (marica), es que suena como tan feo", él lo hace por considerar que "gay sería alguien como Luis Caballero pero marica puede ser cualquiera y ese sí que tiene la masculinidad embolatada" y él, de puro "macho", se queda con esa etiqueta.

¡El cura me desarrolló!
Mientras se organizaba la primera gran manifestación de orgullo gay, la 'Gay Pride Week' de New York, en 1970, Manuel, con apenas 13 años empezó a comprender a qué se referían quienes preguntaban: "¿Ya te desarrollaste?" como, por ejemplo, lo hizo un día un cura de su colegio, en Bucaramanga, a quien le contestó: "no, padre", recibiendo enseguida una particular invitación: "entonces, pasa mañana por mi oficina"."-¿Cómo te fue en el colegio, mijo? -"Nada. Bien. ¡Ah! el cura me desarrolló", soltó de postre Manuelito en pleno almuerzo. "No sabía si eso era malo, me pareció normal comentarlo, pero lo curioso es que nadie respondió". Siguieron comiendo. "Al día siguiente, sin embargo, el cura me reclamó furioso por contar lo ocurrido", recuerda.

Ya con 15 años, un ataque sorprendió a Manuel en una visita que hizo a un noviciado. "Una muchacha se me tiró encima a darme besos por todas partes y metió mi mano en una teta suya. Eso sí me pareció un poco extraño". De regreso al colegio, Manuel, rebosante de miles de no respuestas, se descubrió a sí mismo con una sensación de culpa, malestar y humedad que no había tocado su piel antes. A esa misma edad entró a la universidad y como era tan niño, sus compañeros no hablaban de sexo o de "cosas de adultos en general" mientras estuviera él.

Hoy, Manuel, reconocido sexólogo en Colombia, y una de las cabezas de la comunidad gay, todavía intenta explicarse el comportamiento humano a través de su sexualidad y la de los demás. Su lema de vida es: siempre poder hacer preguntas y obtener respuestas respetuosas. Sobre su propio sexo solo halló claves a los 18, después de su primera relación sentimental con otro hombre. Justo en 1974, cuando la Asociación Americana de Siquiatría eliminó la homosexualidad de sus listas de enfermedades mentales, Manuel enloqueció por ese hombre que le doblaba la edad.

Muy culto él, francés, hacía teatro, bailaba ballet clásico, hablaba varios idiomas y enseñaba matemática pura en su universidad. Manuel lo admiraba pero no era su ejemplo de lo que quería ser. Esconder su condición gay de la familia fue uno de sus motivos más fuertes del novio de Manuel para venir a dar a Colombia.

El primer amor
Como sea, el francés fue la primera persona del mismo sexo que lo atrajo. En casa del franchute, Manuel vio cuadros y fotografías de hombres desnudos y se sintió cómodo, porque aquello le pareció bello. La conexión fue inmediata. Calzoncillos, pantalones, medias, zapatos, todo fuera.

Por allá en 1975, mientras en España el general Francisco Franco reprimía brutalmente una manifestación gay, Manuel asistía a su primera fiestica gay, nada más y nada menos que en el populoso barrio Santa Fe, del centro de Bogotá. No iba precisamente a bailar el vals de una prima, y se impactó. "Nunca había visto algo semejante, creo que fui el único que se quedó sentado en la misma silla toda la noche, vestidito. No le hablé a nadie ni nadie me habló". La orgía de padre y madre, lo llevó a examinar el asunto: "No creo que todo el mundo quiera ese estilo de vida", pensó e incluso llegó a casa sintiendo que no quería ser gay.

A los quince días una amiga le trajo un artículo del catedrático paisa León Zuleta, primero activista político en temas generales, luego autodefinido "sexo-izquierdista" y precursor de la lucha por los derechos de los gays. En su nota, Zuleta contaba que en Colombia ya había un movimiento gay con unas 10.000 personas. A Manuel le impresionó la noticia y le escribió manifestándole su interés por pertenecer al grupo. A lo que el profesor respondió: mi querido amigo, la cifra no es exacta, quítele los ceros, pero súmese usted y ya somos dos los que conformamos el movimiento.

En Bogotá Manuel fue impulsor de innumerables actividades como marchas, la publicación de 21 números de la revista 'Ventana Gay', la conformación de grupos político-lúdico-sexuales como Landa y Heliogábalos y del primer Movimiento por la Liberación de los Gays, en Colombia, junto con Guillermo Cortez, Manuel Rodríguez y Leonardo Vidales. "Como a los tres meses del primer contacto, llegó León a mi casa en Bogotá, lo conocí por la mañana y en la tarde tomamos un bus. Se paró, fue a la puerta, se devolvió -llamando, claro, la atención de los pasajeros-, me dio un beso y se fue", cuenta. Ante mil ojos que se salían de sus órbitas, no le quedó otra a Manuel que bajarse dos cuadras más adelante. Encontró a Zuleta muerto de la risa, con una primera lección para ejercer socialmente como gay: "Tenés que estar preparado siempre para el rechazo y la violencia".

Muerte a homosexualesLugares donde tan pronto se encendía una luz roja los "maricas" se comportaban como hombres, fueron frecuentados por Manuel, desde el 77. Más por curiosidad de estudiante de sociología, que por levante, dice él. La dinámica fue rápidamente asimilada. Prendida la luz, se hablaba grueso, se dejaba el 'amacice', entraba la policía y todos a salvo, excepto los pobres travestis.

Pero a Manuel y a muchos más, los detuvieron, por ahí, más de una vez. "Nos subían a un camión, nos dejaban cerca de Monserrate, y con ese frío de medianoche, nos empelotaban, nos mojaban con agua fría y nos botaban la ropa varias calles abajo. A los travestis les cortaban el pelo y les rompían los tacones. Eso era lo menos que les hacían...", cuenta Manuel, quien además recuerda un travesti con 21 cortadas de navaja en su cuerpo. 21 veces había sido detenido por la policía. "Se cortaba para que lo dejaran libre".

El desquite llegó en julio del 81 cuando se despenalizó la homosexualidad en el país. Para cerrar el ritual de tantos años entre gays y policías, armaron baile en espacios públicos, a esperar a que la "autoridad" llegara, para recordarle que ya no podían hacerles nada. En otro acto político, parejas gay que ni siquiera se conocían entre sí, se besaron por un buen rato frente al edificio de Avianca, en el centro de Bogotá. Allí no podía faltar Manuel.Pero a finales de la década la homofobia alcanzó su clímax, según el sexólogo "entre 1986 y 1989 unos 640 asesinatos fueron reportados por la prensa". El ambiente era más que macabro, grupos como Manonegra, Amor a Medellín, Amor a Manizales se adjudicaban los crímenes. "Uno pensaba que la cosa solo era contra los travestis hasta que descubrí que uno de esos grupos se llamaba: muerte a H O M O S E X U A L E S", reconoce Manuel.

Pensamientos amenazadosTras la primera exposición de la idea de que los derechos sexuales también son derechos humanos, a Manuel le llegaron las primeras amenazas, en el 92. Y arreciaron cinco años más tarde, luego de la publicación del primer capítulo de un libro titulado 'Duelo, muerte y reparación', en el cual, entre otros, se aludía al inofensivo tema paramilitar, esta vez relacionado con los mal llamados "grupos de limpieza" que asesinaban gays.

"Te vamos a matar hp" le dijeron a Manuel en una primera llamada con la que quedó petrificado. "Yo reacciono rapidísimo a esa palabra", dice él. En una segunda amenaza recibió otro: "te vamos a matar". Quizá porque esta vez no lo llamaron hp respondió diferente "tienen que tener cuidado porque tengo un hermano igualito a mí, de pronto lo matan a él y no les pagan el trabajo".

Para la tercera advertencia sentenció "¿ha pensado usted que si lo llevan a la cárcel por matarme, su mujer lo visitará los primeros meses, pero luego se va a cansar y fijo se consigue otro y se queda con él?". Tantos años trabajando el tema sexual les debe conferir credibilidad a sus argumentos. Esa vez reinó el silencio del otro lado del teléfono, aunque cada tanto siguió recibiendo llamadas.

Sin embargo, hacia el amanecer de un primero de abril, hace cinco años, tiempo después del cese de las amenazas ¡boom! Una granada explotó en la puerta de su casa. Pocos daños de consideración, sólo vidrios rotos y muchas de sus flores de pensamientos de la entrada se habían perdido, pero había esperanza de rehabilitar el jardín arrasado."Por qué no te vas del país, teniendo visa podrías ir a los Estados Unidos", pedían los amigos. "Por qué me tengo que mudar ¿No les parece linda la casa donde vivo?", decía él. "¿Por qué cree que le pusieron el artefacto aquí?" le preguntaba la policía. "No sé, señor oficial, yo creo que no les gusta mi color de pelo (entonces lo llevaba rojo). Hay gente que no soporta lo diferente", contestaba él. Por la explosión Manuel Velandia sintió que su trabajo era más importante de lo que pensaba, vivificó su orgullo y decidió quedarse.

Hace poco el amigo francés de Manuel -que ya debe sumar bastantes años- temiendo morir regaló unos libros de arte a Manuel "para que su madre no fuera a sospechar que era gay". En memoria de León Zuleta, activista político, y catedrático, asesinado en 1993, cada agosto se celebra el Día de la No Homofobia. Por estos días ¡boom! otra bomba, el Congreso colombiano termina el año concretando si los gays tienen derecho o no al servicio de salud de su compañero, o si en caso de fallecimiento le corresponde más a este el patrimonio del ser amado que a la tía, que desde los 20 años dejó de hablarle al gay de la casa.

El país está lejos de mencionar el matrimonio y la adopción para parejas gays. Sin embargo, el que se discuta seriamente el tema en el sagrado y sapientísimo recinto, donde varios años atrás Manuel oyó hablar a algunos "honorables" hasta de la inminencia de la zoofilia, no es cualquier maricada.Lamentablemente, apenas esta semana, casi al cierre de esta edición y después de mucho tiempo, Manuel volvió a recibir amenazas.

Recuadro: Si hubiera sido gay:Durante la II Guerra Mundial, en la Europa nazi, la suerte habría sido distinta, dependiendo de si habría estado al frente de alguna unidad de la SS (escuadras de protección alemanas) o en la retaguardia, lugar desde donde, históricamente, se disfruta mejor el arresto.

En la madrugada del 28 de junio de 1969 la suerte habría sido distinta, dependiendo de si estaba dentro del bar Stonewall de New York, antes o después de que la policía llegara por el "ají" que les negaron. Antes o después de que cerraran las puertas. Si anduviera en tacones o zapatos de macho para emprender la huida. En todo caso habría sido parte de la revuelta más loca de todas ¡Gay power!

En la España franquista del 39-75, habría sido torturado, encarcelado o desterrado. Pero tendría una cuarta opción: ser recluido en el Centro de Tratamiento para Invertidos, donde siquiatras utilizaban desde choques eléctricos hasta lobotomías para cambiar su "desorientación" sexual.

Tomado de Revista Carrusel, El Tiempo, Colombia, Diciembre 14 de 2006.
http://www.eltiempo.com/carrusel/2006-12-15/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3363249.html#comentarNota

Mi último sueño

No he visto en San Sebastián habitantes de la calle durmiendo en las aceras, sin embargo cuando vi aquellos colchones a la intemperie, acomodados de tal forma que parecían estar esperando a sus dueños, no pude mas que quedarme ahí, parado, en un tiempo que se hacía eterno, sin ni siquiera poderme mover de esas escaleras que conducen a la Estación del Norte, a donde llegan los trenes provenientes de París.

Habían pasado cuatro meses desde mi llegada, estaba recorriendo la ciudad junto a Luisa, una de mis hermanas que había venido a verme, y no pude contenerme al ver aquella imagen, unas lágrimas brotaron de mis ojos al recordar la última noche en Colombia antes de partir a mi viaje a España.

Respiré profundo, me sequé las lágrimas, tomé la cámara e hice la fotografía, no para guardar aquella imagen sino para resguardarme a mi mismo, para exorcizarme de mis propios temores y poner lejos de mí, mis dudas y temores.
Estaba con mis amigos más cercanos, tomábamos un vino y comíamos un poco de queso azul, de vez en cuando llorábamos, como lo hago ahora, y hacíamos bromas muy seguramente para no tener que enfrentar la realidad que me esperaba.

Se fueron todos al tiempo, tan sólo quedamos los dueños de casa y Mario, ese novio con quien viví una relación que nació ya casi a punto de terminarse pero con un deseo enorme de aferrarnos a la posibilidad del mas profundo encuentro, una relación que se fue apoderando de nosotros y cambiando nuestras metas, metas que vieron recortadas sus alas cuando decidí que la vida de mis familiares y la mía misma eran mas importantes que quedarme, lleno de miedo, esperando que de cualquier lugar y a cualquier hora saliera un desconocido e intentara matarme.

Siempre tuve la certeza de que saldría ileso de cualquier atentado como sucedió aquella noche en que lanzaron a mi casa la granada y preferí pensar, en el primer instante, que había sido un atentado contra la cercana estación de buses urbanos que dar crédito a que la violencia en otra de sus formas había llegado a nuestras vidas.

En las cuatro noches anteriores a mi salida furtiva del país, cuando mucho había dormido tres horas en total; tenía miedo de cerrar los ojos, me negaba a repartir todas mis pertenencias y mis pequeños tesoros personales llenos de historias. No quería decidir sobre qué poner en la maleta y menos aun, podía aceptar que fuera cierto que los paramilitares hubieron logrado sacarme del país.Tal vez por ello hice y rehice las maletas en tres oportunidades, puse y saqué objetos, sabiendo que por muchos años o tal vez hasta cuando termine el gobierno de Uribe y no haya paramilitares tratando de apoderarse de grandes extensiones agrícolas y vidas, deberé quedarme en tierra extraña.

El cansancio pudo más que mi temor y decidí dormir las dos horas que faltaban para desplazarme al aeropuerto. Inicialmente el sueño fue profundo, luego soñé una vez más, se repetía aquel sueño en el que yo, caminando por calles desconocidas pedía monedas a los transeúntes.

Me desperté sobresaltado y llorando, temeroso de que esa idea pudiera ser realidad. No tenía la menor idea de cómo iba a ser mi vida de asilado pero prefería creer que nunca llegaría a esos extremos de pobreza absoluta.

Revisé rápidamente mi vida, recordé montones de compras inútiles y gastos innecesarios. Me dije a mí mismo que ser homosexual y no tener hijos a quien heredar no era una razón suficiente para tener tan pocos ahorros, pensé en que igualmente mis muebles, mi bien equipada cocina, mis libros, mis obras de arte quedarían en manos de otros, que muy seguramente nunca las volvería a tener conmigo y me dije a mí mismo que igualmente esas inversiones eran tan efímeras como la misma vida.

Respire profundo, me vestí de prisa, salí con rumbo al aeropuerto y al encuentro de una nueva vida, no tenía sentido preocuparme por lo que había hecho o dejado de hacer porque si de algo estaba seguro era que había vivido la vida que quería vivir y luchado por lo que debía luchar.